Obviamente, no podemos identificarnos plenamente con el espíritu de esta época, pero tampoco debemos legislar sobre otros donde Dios no ha legislado.
Cuando Dios manda una cosa o prohíbe otra, ya no somos libres de decidir si obedeceremos o no obedeceremos. El descuido de un deber conocido o la desobediencia voluntaria de aquello que Dios ha mandado, es un pecado, una trasgresión franca y abierta de la ley de Dios.
Pero, ¿puede alguien mostrar por las Escrituras que es un pecado dar algunos obsequios a nuestros hijos o nietos en Navidad, o que es pecaminosa la alegría que sentimos al ver sus caras cuando reciben sus regalos?
¿O podría alguien probar por las Escrituras que es pecaminoso que la familia se reúna en este tiempo para cenar y compartir un tiempo juntos en esta época del año, simplemente porque hace cientos de años se celebraban las saturnales el 25 de diciembre?
