Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos, dicen algunos, debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio… de la prosperidad – ha dicho Warren Wiersbe – trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.


